
Entendiendo la soledad no deseada y el dolor emocional que conlleva, buscar apoyo supone un primer paso hacia la conexión.
¿Por qué me siento tan solo?
Dicen por ahí que cuando nos damos cuenta de que realmente estamos solos es cuando necesitamos más a otros ya que la conexión es la vida; la desconexión, la muerte. Y esto solo puede significar una cosa y es que proporciona dos caras de una misma moneda, donde si bien es cierto que "la soledad ofrece una ventana al alma, revelando sus deseos más profundos”, entre otros, gracias a la conexión con nosotros mismos, cuando es deseada. De igual forma, contemplar su otro lado trae consigo que la realidad nos muestre una mirada completamente distinta mediante la que advertir la crudeza de su telón de fondo cuando nos sacude hasta decir “¡Basta!”, cuando es no deseada.
Que levanten la mano los que se sientan identificados/as con mi siguiente pregunta: ¿Cuántos/as de nosotros/as (y especialmente TÚ que me estás leyendo) hemos tenido pensamientos adheridos y sensaciones tan cercanas a las que puedan vislumbrarse de cualquiera de las siguientes frases que algunos de nuestros celebres autores han dejado para la posteridad a través de sus obras o escritos? Aquí van algunas:
“El momento más solitario en la vida de alguien es cuando ve que todo su mundo se desmorona y lo único que puede hacer es quedarse mirando fijamente sin comprender.” Scott Fitzgerald, F. (s.f.)
“Con el tiempo, la soledad se mete dentro de ti y no desaparece.” Ruiz Zafón, C. (s.f.)
“La verdadera soledad es vivir entre tanta gente amable que solo te pide que finjas.” Wharton, E. (s.f.)
“Pero nada hace que una habitación se sienta más vacía que querer que haya alguien en ella.” Quinn, C. (s.f.)
“La soledad nunca es más cruel que cuando se siente en estrecha proximidad con alguien que ha dejado de comunicarse.” Greer, G. (s.f.)
“Nos aislamos porque nos dolía menos.” Picoult, J. (s.f.)
“Solía pensar que lo peor de la vida era acabar solo. No es así. Lo peor de la vida es acabar con gente que te hace sentir solo.” Williams, R. (s.f.)
“Este mundo en el que vivo está vacío y frío. La soledad me corta y tortura el alma.” Jennings, W. (s.f.)
“El peor sentimiento asociado a la soledad es el pensamiento de morir.” Anónimo. (s.f.)
“La soledad es el dolor del vacío del corazón.” Anónimo. (s.f.)
“Con el tiempo, la soledad se convierte en una carga cada vez mayor.” Anónimo. (s.f.)
Muchos, ¿verdad?
Pues, de entrada, eso solo puede traducirse en una cosa y es que la soledad como tal es una experiencia humana universal (hasta ahí bien), pero que cuando se prolonga y persiste (aquí ya no tan bien), puede ser profundamente dolorosa.
No hay duda: hay momentos en los que la soledad se convierte en un refugio, un espacio necesario para la reflexión, el descanso y la conexión con uno mismo. Este tipo de soledad puede ser liberadora, dándonos la oportunidad de desconectar del ruido externo y redescubrir nuestro interior. Obviamente hablamos de soledad deseada.
Sin embargo, cuando entra en escena, la soledad no deseada, o lo que es lo mismo, aquella que nos envuelve sin previo aviso y que, lejos de ofrecernos paz, nos llena de dolor y vacío. Sufrimiento, aflicción, pena, tristeza y angustia. Pesar, mucho pesar, puesto que se trata de una soledad que se experimenta en la desconexión emocional con los demás, en la sensación de ser invisible o incomprendido, y que puede llegar a sentirse tan profunda que la desesperanza comienza a tomar protagonismo.
Tampoco hay duda: la soledad no deseada puede ser una de las experiencias más devastadoras para el ser humano. No se trata solamente de estar físicamente solo/a, sino de sentir que nadie comprende realmente lo que estás viviendo o que tus conexiones no son lo suficientemente profundas para llenar ese vacío emocional. Como decía hace un momento sentirse solo/a no siempre significa estar físicamente solo/a porque, a veces, ES una sensación interna de desconexión, incluso estando rodeado de personas.
Este tipo de soledad puede intensificar el dolor psicológico, convirtiéndose en una espiral de pensamientos negativos que parecen no tener salida y lograr que su impronta (nos) derive en un cúmulo nocivo y perjudicial de emociones, cuya intensidad y profundidad conduce a sensaciones indeseadas de aislamiento (aun estando en compañía); el deseo de conectar, pero encontrar una gran dificultad para hacerlo; o la falsa creencia de que nadie te entiende realmente.
Son múltiples factores los que nos llevan al sentimiento de soledad y todos ellos pueden ocasionar graves consecuencias en nuestro estado anímico, bienestar y calidad de vida: la pérdida de relaciones importantes, el aislamiento social, cambios vitales determinantes que supongan pérdidas significativas, una sensación que nace desde adentro, alimentada por inseguridades, una baja autoestima que dificulte el establecimiento de vínculos o la desconexión interna con uno mismo o el mismo hecho de vivir situaciones difíciles (entre otros). Lamentablemente se alberga la lesiva sensación de que no tenemos relaciones significativas o personas con quienes compartir nuestras emociones más profundas y lo que comienza como un malestar pasajero puede transformarse en un dolor persistente, afectando seriamente a nuestra salud mental y emocional.
El dolor psicológico asociado con la soledad no deseada puede ser abrumador, demoledor y destructivo a partes iguales. Sentirse desconectado de los demás genera una sensación de vacío y desamparo que puede llevar a pensamientos de desesperanza. En algunos casos, esta soledad se entrelaza con la ideación suicida, ya que la persona puede llegar a creer que su presencia no importa o que nunca logrará establecer las conexiones que tanto anhela. Por ello, aquí, resulta crucial, hacer especial hincapié en que estos pensamientos, aunque intensos, no son una verdad absoluta, sino una manifestación del dolor que está pidiendo ser escuchado y atendido.
La soledad no deseada puede sentirse como un peso invisible que llevas contigo a todas partes. A menudo, es más que una ausencia de compañía; es una sensación de desconexión, de no pertenecer, de no ser visto ni comprendido. Este sentimiento puede calar hondo, hasta el punto de que el dolor emocional parezca insoportable. Sin embargo, incluso en los momentos más convulsos, es posible encontrar alivio y reconectar con la esperanza.
Por ello, cuando el dolor emocional alcanza este nivel, pedir ayuda puede parecer imposible, pero es justamente lo que más necesario resulta. Hablar con alguien en quien confíes, compartir lo que sientes y buscar la ayuda y el apoyo de un profesional de la salud mental especializado puede marcar la diferencia ya que son pasos que pueden romper este círculo vicioso en el que te halles inmerso y recordarte que no estás solo/a.
Vivimos en una sociedad donde muchas veces nos cuesta hablar de nuestras emociones. Esto puede hacernos sentir que nuestra soledad es única, cuando en realidad muchas personas pasan por experiencias similares. Buscar apoyo no solo te ayudará a ti, sino que también abrirá la puerta para que otros se sientan menos solos en su propio viaje.
El impacto de la soledad en la salud mental no debe subestimarse. Es crucial entender que estos pensamientos son una respuesta al dolor, no una solución.
Busca ayuda profesional. Reconocer la soledad que habita en ti es un primer paso; y la conexión, aunque parezca lejana, siempre es posible. No tienes que enfrentar este dolor solo/a. Lo que sea que lo haya desencadenado, significa que algo dentro de ti está pidiendo atención, cuidado y conexión.
Recuerda que en el silencio de la soledad y, muy especialmente, en esa soledad que reside en tu pecho lo que realmente se oculta es una súplica silenciosa de conexión, desconozco la autoría de dicha frase, pero no puedo estar más de acuerdo cuando afirma que: “La soledad que reside en tu pecho es una súplica silenciosa de conexión”.
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